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Puede ser verdad que el silencio tenga un precio. No un precio monetario, pero sí es un precio en ira acumulada, en esa desilusión de no alcanzar los objetivos que te marcas y en sentirse cada día un poco más vacío o vacía, y estar cada día un poco más desconectado de esta vida. Al final, el silencio tiene un precio y es que las personas dejan de sentirse vivas.

El origen de Mauxita: de la ingenuidad a la realidad

Y puede ser que este sea el origen de Mauxita. No por el silencio de las personas, sino por cómo yo, ingenuamente, quería ayudar a los demás desde un púlpito del total desconocimiento de en qué se convertiría este arduo camino que me está llevando a crear este proyecto.

Mauxita es como una venda que llevo en mis ojos y que poco a poco va desapareciendo. Porque, al fin y al cabo, no se trata solo de ir a una escuela a saber qué hay que hacer y cómo hacerlo; si bien eso es importante, lo que de verdad importa es tener coherencia y experiencia.

El valor de bajar al barro

Siento que tengo esa coherencia en lo que quiero transmitir y tengo la experiencia. Porque la experiencia no es tener un diploma colgado en la pared; experiencia es bajar al barro y trabajar con una ONG durante más de tres años, viendo cómo esas personas mejoran poco a poco y otras no. Quizás porque yo en ese momento no sabía transmitir bien o porque buscaban otra cosa que yo no podía ofrecerles.

Mis propias estupideces y el aprendizaje

También puedo hablar de las estupideces que he cometido desde que creé Mauxita. Me refiero a intentar crear yo mismo la web o creer que podía crear solo todo el «universo Mauxita», cuando no es así. Es fundamental que en todo trabajo haya un profesional. Y vaya si lo he pagado; lo he pagado con creces (aunque mi estupidez es tema para otro post). Yo, al final, también he comprendido que hay que trabajar con quien sabe.

Un negocio real, como la frutería de tu calle

Al fin y al cabo, por eso existe el botón de «Reserva sesión»; no está ahí para hacer bonito. He comprendido que Mauxita es un negocio como otro cualquiera, como la frutería de la esquina de tu calle que tiene sus gastos y su «debe y haber» de toda la vida.

Ese botón de reserva es como en tu frutería: puedes entrar a ver los melones y comprarlos… o no, si te parece que aún están verdes. Las personas no han de tener miedo a ese botón. Yo no vendo nada que la gente no quiera comprar; mi actitud es solo una charla para exponer cómo puedo ayudarte.

Profesionalidad frente a vendehumos

Claro que al final sale el temido y dichoso precio. Pero, como yo aprendí: si quieres hacer las cosas bien y quieres mejorar, necesitas un profesional en tu vida y no un vendehumos.

Me llamo Xavier Benet. Desde mi ignorancia y estupidez, he aprendido que todas las personas pueden mejorar y tener una vida más digna. Y lo más importante que he aprendido es que tú también puedes, y no tienes por qué hacerlo en silencio.

 

Xavier Benet

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