La expresión «Dinámica de Alto Rendimiento Grupal» puede parecer un tanto rimbombante, y algunas personas se preguntarán de qué trata exactamente. Pues, sencillamente, va de escucharse; de entender que a todas las personas que realizan esta dinámica les unen los mismos problemas y que, entre todas, pueden encontrar esa pequeña solución. Al final de todo, es escucharse; sí, al final solo es escucha activa grupal.
Un lugar seguro para compartir y transformar retos
De problemas individuales a soluciones compartidas
Cuando personas con el mismo problema se dan el permiso de hablar de una forma ordenada, ocurre algo transformador, digamos que algo mágico: esos problemas que parecían individuales se convierten en compartidos.
Al final, una Dinámica de Alto Rendimiento Grupal es solo un lugar seguro donde se puede hablar y compartir esos problemas que en otro lugar no se entenderían ni se comprenderían. Es un espacio en el que se habla con transparencia, sin acritud y sin juzgar al compañero, ni al de tu derecha ni al de tu izquierda. Al final, solo se trata de que ocurra esa magia para que, entre todos, haya una solución orgánica.
¿Qué se logra en esta sesión práctica?
Foco directo, menos ruido y más claridad
A esta pregunta es fácil responder. Empecemos por que se aprende a escucharse entre personas, a no interrumpirse y a sentir que tus palabras tienen un valor verdadero.
Pero analicemos en más profundidad qué puedes conseguir con esta dinámica grupal: permite crear un foco directo al problema, sin irse por las ramas, logrando que todo el grupo entienda que se busca una solución a ese reto. Menos ruido y más claridad; hay una mejora directa de la comunicación y, como consecuencia, una reducción de los malentendidos.
Del entorno de la empresa a la realidad de una ONG
Lo mejor de todo es que esta dinámica es inclusiva para todos aquellos grupos de personas que buscan una solución a sus problemas: desde una gran o pequeña empresa en cuyos departamentos surgen conflictos, hasta en una ONG —donde incluso yo la pongo en práctica— en la que las personas ni se conocen, pero se reúnen una vez al mes para hablar de un problema que les preocupa: vivir en la calle.
Volver al origen: El Ágora
Al final de todo, solo es aplicar la escucha activa grupalmente en vez de individualmente, y dar luz a esos problemas que tiene ese grupo. No es cuestión de arreglar los problemas del mundo, pero sí consiste en arreglar ese problema concreto que el grupo tiene.
En fin, ya lo hacían en la antigüedad los griegos reuniéndose en las plazas de cada pueblo: hablar para solucionar problemas. Ágora.
