Del rescate heroico a la unión global
En 2016, en Kazajistán, un grupo de chicos formó una cadena humana espontánea para rescatar a un perro que se encontraba en un río e intentaban salvarlo. Diez años después, ese acto fue honrado con una escultura que en verdad recordaba a esos chicos. Hace pocos días, tras el gran doble terremoto en Venezuela, volvimos a ver lo mismo a escala global: decenas de países volcándose a ayudar, enviando víveres y personal especializado en rescates.
Al final, estos dos ejemplos nos demuestran una verdad profunda: los seres humanos nos necesitamos mutuamente y todo el mundo es imprescindible. Cuando dejamos de lado las diferencias y nos escuchamos desde la empatía, somos capaces de crear cadenas indestructibles.
Una reflexión necesaria sobre nuestra empatía cotidiana
Pero también, ¿cómo es que siempre tiene que haber una desgracia para que se active esa empatía en las personas? Y me pregunto: ¿Por qué? El porqué de que no somos empáticos desde un principio. Al final de todo, podríamos trabajar más la escucha activa, sin intentar juzgar al oponente y sin estar pensando en qué le vamos a contestar para quedar bien. Lo único que se pide es escuchar, sin estar en un púlpito de una verdad absoluta; se pide que en esa escucha no haya juicios ni haya acritud, nada más y nada menos que haya una verdadera empatía.
Porque la verdadera cadena humana no se construye únicamente cuando la tierra tiembla; se construye mañana por la mañana, cuando decidas mirar a los ojos a quien tienes enfrente y le regales tu presencia absoluta. No esperemos a que el mundo se rompa para empezar a cuidarnos. Seamos ese refugio cotidiano donde escuchar sea un acto de amor y comprender sea nuestra única verdad. Empecemos hoy, en silencio, con paciencia y con el corazón abierto. Al fin y al cabo, salvar una vida empieza por aprender a escucharla.
