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Mi experiencia en coaching PNL

Cuando yo empecé a estudiar coaching PNL, una de las preguntas que siempre me hacía era cómo yo sentiría cuando, a través de mi trabajo, una persona mejorara y se sintiera mucho mejor de lo que había venido. Podría ser un sentimiento egoísta, un sentimiento que solo pensara en mí, pero al fin y al cabo, mi propósito era poder mejorar emocionalmente y que la otra persona consiguiera sus objetivos.

Primer contacto con Sandra a través de Carlos

Hoy contaré una de mis primeras historias: la historia de Sandra. A Sandra la conocí a través de Carlos, un “cliente” que vive en Madrid. Recuerdo que un día me llegó una notificación en mi WhatsApp de Sandra, que me decía que venía de parte de Carlos y que estaba interesada en trabajar conmigo. Así que le devolví el mensaje y le informé que, antes de cualquier sesión, lo importante era que tuviéramos una reunión virtual, en la que ella me explicara qué problemas la acuciaban y yo le explicaría cómo trabajaba para que ella mejorase y si de verdad la podía ayudar.

El compromiso y la evolución de las sesiones

La verdad es que Sandra, desde un principio, estuvo abierta a no saber lo que se encontraría conmigo ni si aquello que yo le había prometido se iba a cumplir o no. La única condición que le puse fue que ella tenía que trabajar para su mejora. Aunque viniera dos horas cada semana a la sesión, no mejoraría si después no trabajaba en ello. Y la verdad, nunca me defraudó: tenía un buen compromiso en las sesiones y una buena predisposición a los ejercicios de PNL que hacía. Todavía recuerdo cómo, en “la silla vacía”, le superó la emoción y estuvimos diez minutos en silencio, un silencio que angustiaba.

Escucha activa: un proceso de acompañamiento personal

Cuando conocí a Sandra, yo le dije que su “problema” se acabaría o se iría difuminando en la octava sesión, y ya íbamos por la novena. La verdad es que no fallé por mucho, porque al finalizar esta sesión le pregunté: “¿Sandra, cómo estás? ¿Te sientes igual que cuando llegaste?” Para mí fue una agradable sorpresa que ella se sintiera mucho mejor, más aliviada. Pues, Sandra, aquí se termina mi trabajo: el coaching PNL había funcionado, desde el punto de vista de Sandra, que había trabajado como yo le pedí, y por mi parte, como yo siempre me implico con la gente con la que trabajo.

Cómo continuamos el trabajo después del coaching PNL

Sandra me preguntó: “¿Y ahora qué?”. Le dije: “Ahora, Sandra, tienes dos caminos que yo te puedo dar: uno es dejarlo aquí, no sé si aún sientes dolor, pero has entendido muchas cosas sobre cómo debes ser y comportarte; o lo único que te puedo ofrecer es seguir haciendo sesiones de escucha activa”. Y si me preguntas: “¿Qué es la escucha activa?”, te digo que es algo parecido a lo que hacíamos en coaching PNL: el coach hace preguntas abiertas y guía el camino, pero en la escucha activa, el coach hace pocas preguntas abiertas y es Sandra quien guía el camino con lo que le ha sucedido durante los días que no nos hemos visto. Ah, y por cierto, ya no son sesiones cada semana de dos horas: ahora serán dos sesiones al mes, de una hora.

Resultados y felicidad: casi tres años de sesiones

Así que Sandra dejó un trabajo como secretaria en Madrid que la amargaba y no se sentía bien, y se trasladó a vivir a Irlanda: primero a Dublín, después a Cork y otra vez cerca de Dublín, cuidando a personas mayores. Sí, ha tenido sus altibajos, pero yo, desde Barcelona, intento que cada quince días tengamos nuestra sesión, y ya llevamos casi tres años. Y lo que importa de verdad es que Sandra es feliz, y eso a mí, aunque sea egoísta, me hace feliz también. El viaje de Sandra aun sigue y espero que aun siga mucho más tiempo asi que veremos a donde nos lleva el viaje de Sandra.

El viaje de Sandra

Xavier Benet

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