El problema: ¿Hablamos con personas o con enemigos?
Muchas veces me he hecho esta pregunta: ¿los seres humanos nos escuchamos cuando nos hablamos unos a los otros, o solamente balbuceamos palabras mientras la otra persona parece que está inmóvil y sorda? O, por el contrario, muchas veces el oponente de verdad ni te escucha y tiene un alto reflejo de decir lo primero que le viene a la mente.
La verdad, no tienes que ser un coach de PNL ni de escucha activa para interiorizar que las personas juzgan las palabras y no reflexionan sobre las de su oponente. Y ahí es donde tenemos el problema: siempre vemos a la otra persona como un oponente o, mejor dicho, un enemigo. Alguien que, por pensar en ideas diferentes pero totalmente loables, no aceptamos.
El muro del juicio
En vez de no juzgar, juzgamos, y no nos paramos ni un segundo a poder reflexionar y pensar en lo que está diciendo la otra persona. Pero, ¿qué es escucharse de verdad?
Mi visión: Relaciones humanas antes que oratoria
Seré sincero: no soy ningún experto en comunicación hablada, pero sí en relaciones humanas. Para mí es muy importante saber que detrás de cada persona hay un respeto en cómo te comunicas, más que en esa comunicación que, por supuesto, puede ser mejorable, porque al final, ¿qué es escucharse de verdad?
La transformación a través de la escucha activa
Por eso, para mí, dar sesiones de escucha activa es como un regalo. Cada persona se expresa como puede o quiere. Sí, escucho muchos problemas y muchas objeciones hacia otra gente que ni está ni conozco, pero la transformación que hacen las personas a través de la escucha activa individual es brutal.
Podríamos decir que es de la noche al día; y no es que piensen de diferente manera sobre un tema o persona, es la forma que tienen de hablar: ya no juzgan, la aspereza se ha desvanecido. Lo mejor de la escucha activa es que las personas, después de varias sesiones, logran pararse un momento, reflexionar y ya no juzgar, para de verdad entender a la otra persona y no verla como un oponente.
Un espacio sin juicios ni adoctrinamientos
En estas sesiones es importante que las personas no vengan con temor a que las juzgue yo. Yo no soy nadie para juzgar, solo soy un coach que tiene pasión por su trabajo; solo doy puntualizaciones en las sesiones para que la gente vea que la vida es mucho más sencilla de lo que pensamos y que nosotros mismos nos la complicamos. Si no te gustan mis puntualizaciones, como digo, haces una pelota con ellas y las envías a la basura. Yo no estoy para adoctrinar a nadie.
Tu libertad es la prioridad en Mauxita
Por eso, para mí es fundamental que cuando una persona haga una sesión a través de videollamada esté relajada, en su espacio y a su aire. Solo así, sintiéndose bien y tranquilo, las palabras podrán fluir con total libertad para comunicar lo que de verdad necesitas. En Mauxita, el protagonista no es el coach.
