Contenidos
Compartir Entrada

“Sono morta in vita” (Muerta en vida), es lo que me dijo Sofía, una mujer italiana nacida en Roma, durante la primera charla que tuve con ella.

La verdad es que me descolocó mucho. ¿Qué quería decir con esa frase de «Sono morta in vita»? Sí, claro, entendía perfectamente que estaba bloqueada profundamente, pero me preguntaba cuál era ese motivo; y esa «muerta en vida» a mí me estaba provocando un ruido innecesario, un ruido que para mí es fundamental eliminar de esa ecuación.

El ruido en la ecuación: Una charla sin tiempo

Sofía tenía tal carga emocional profunda que, en esa primera charla —charla, porque para mí ni era sesión—, la dejé hablar, hablar y hablar. La verdad es que el tiempo no importaba; importaba su historia, sus relatos, cada vez más histriónicos y demenciales.

Ya que, en ese momento, para mí era importante solo escuchar y despejar de mi cabeza esos ruidos innecesarios que yo mismo tenía, el tiempo ya no importaba, sino su narrativa. Había pausas por parte de Sofía: pausas con sollozos, suspiros y lloros; pero el tiempo seguía sin importar por ambas partes.

El vaciado: Despojarse del veneno acumulado

Para mí era muy importante que Sofía se vaciara, que se desnudara por completo de todo el veneno que ella llevaba acumulando durante años. De su pasado, de su presente y de todo aquello de lo que ella se quisiera despojar. Ya que para Sofía era importante, pero —no lo vamos a negar— también era importante para mí, para quitarme el ruido y comprenderla.

El punto de no retorno: Escuchar sin juzgar

Y sí, la charla tuvo un final. Pasamos con creces la hora, no importaba. Sofía maldijo en su italiano romano, lloró, gritó y rió. Pero también dijo: “Grazie per tutto” (Gracias por todo), “Grazie per avermi ascoltato” (Gracias por haberme escuchado).

Y sí, ese es mi trabajo: escuchar y no juzgar. A partir de ese día empezamos a trabajar en su mejora. Pasó el tiempo y, con herramientas de coaching, PNL y una escucha activa constante, Sofía llegó a un punto de no retorno. El día más importante no fue cuando empezó, sino el día en que, por fin, se soltó de mi mano.

Xavier Benet